— Antiklase

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February, 2015 Monthly archive

Os presentamos el primer diálogo Antiklase, con un protagonista muy especial, Oscar Marín Miró

1.- ¿Qué es Outliers?

Outliers Collective es un grupo de expertos que se dedica principalmente a realizar proyectos alrededor de todo lo que tenga que ver con los datos. Pueden ser proyectos de Small o Big Data, de análisis puro de los datos, o bien exclusivamente de visualización; o las dos áreas combinadas. También hemos participado en proyectos dedicados a la optimización del acceso y procesado de grandes volúmenes de datos, es decir, en proyectos de Big Data, estrictamente hablando. Más allá del detalle tecnológico, la aspiración es la de ayudar en proyectos relacionados a disciplinas humanas o científicas lo más diversas posible: nuestra estrategia como colectivo valora mucho la diversidad de proyectos, porque nos gusta mucho aprender del cliente y de su ámbito. Esta última motivación contradice de pleno la máxima de las startups americanas de ‘encuentra el nicho más pequeño posible con oportunidades’, pero pienso que la mentalidad subyacente no se ajusta a la nuestra: estamos más cerca de la artesanía y de la curiosidad científica que de la ambición económica o tecnológica.

2.- ¿Cómo y dónde surgió la idea de montar Outliers?

Aviso a navegantes: Es una respuesta larga. A principios de 2012, después de muchos años de trabajo implicado en el mundo de los datos, como ingeniero y como gestor de equipos, por una serie de circunstancias me di cuenta que continuar en compañías con estructuras del ‘viejo mundo’ no tenía sentido para mi. Fue una decisión, obviamente, voluntaria, después de pasar por muchos sitios y tener la sensación de que el techo profesional al que llegas siempre es una barrera política más que de competencias (o al menos que la primera siempre llegaba antes que la segunda). Eran más de 10 años dedicados a este mundo y como trabajaba en remoto desde 2007; con el auge de 2011 de los coworkings, decidí apuntarme a uno. No iba mucho, soy por naturaleza muy casero (llámalo vago si quieres!), pero lo bueno era poder elegir qué día ibas y cuál no. Allí conocí un mundo totalmente desconocido para mi: el de los freelance y su gestión del flujo de trabajo en forma de red, en lugar de jerárquica. Y me enamoré del concepto; me pareció natural, meritocrático y que iba sincronizado con la transformación social de las nuevas corrientes tecnológicas. Una buena amiga, sabiendo de mi situación, me animó desde el principio a intentarlo solo. Así que me animé, y aunque en un principio estaba buscando una marca personal, realmente conocía a un buen número de gente en la misma situación personal: El mundo se estaba moviendo de una manera nueva y las compañías ‘de toda la vida’ de otra muy diferente. En el sector del análisis de datos siempre teníamos la broma de que en los estudios estadísticos era costumbre obviar los ‘Outliers’, o los puntos que se salían de la distribución ‘normal’ (predecible y ajustada); cuando son justamente esos puntos los que te están dando pistas de que tu modelo no funciona o no corrobora del todo tu hipótesis. Por dentro muchos nos sentíamos así, no encajábamos en las viejas estructuras, no únicamente por la cuestión de las jerarquías, si no también porque creíamos que lo interesante profesionalmente (y más en este campo) era mezclarse y valorar las diferencias, y de ahí surgió el nombre. La apostilla ‘Collective’ también se puede entender de esta historia: huí de montar una manera de trabajar rígida y estática, sino mucho más abierta a la colaboración (que no significa trabajar gratis, aunque el significado la palabra se haya degradado en este sentido) con trabajadores autónomos que aporten desde diferentes ángulos y con la implicación que sea necesaria, sea una colaboración puntual o a largo plazo. Pensé que únicamente con esta filosofía se podían combinar cosas interesantes, trabajando en áreas de experiencia diferentes pero complementarias. Así empezó todo, y poco a poco se fue sumando más gente. Ahora somos 8 personas, pero nos vamos adaptando al pulso de los proyectos.

3.- ¿Cómo valoras aquellos primeros momentos desde la perspectiva que te da el tiempo?

En el momento de ‘cambiar el chip’ tuve un montón de dudas y muchísimo miedo. Te da la sensación de que te van a tomar el pelo, de que no vas a encontrar clientes y de que económicamente no va a ser fácil. Ahora, con la distancia, tengo que darle la razón a mucha gente que me apoyó: me decían que tenía contactos, experiencia y muchas ganas y eso iba a hacer las cosas más fáciles; y así fue. En el ámbito más personal y menos profesional, sólo cuando pasé por el reto de empezar algo desde cero, me di cuenta de lo que mucha gente me decía: que es una etapa de crecimiento y superación personal y que hay que estar preparado para enfrentarse a uno mismo y a sus miedos. Al final, acabas entendiendo que el miedo, dentro del sentido común, es una señal de que algo tienes que superar y visto de esa manera, es un aliado. Cosas como hablar en público, ir a las primeras reuniones solo (delante de 4 desconocidos escudriñándote a todos los niveles) o el miedo a quedarte sin dinero en la cuenta, las vas superando, y creo que las superas para siempre. En el lado más negativo, una cosa que no tuve en cuenta es tener un buen colchón de dinero. Y cuando digo buen colchón, quiero decir que en mi caso, tenía que haber sido mucho más grande de lo que me suponía, al menos para pasar unos seis meses sin ingresos. Si alguien me pidiera consejo para plantearse funcionar por su cuenta, serían dos: No empieces sin clientes más o menos apalabrados como para cubrirte la mitad de lo que te planteas ganar, y ten un colchón para unos 6 meses (si puede ser un año, mejor…claro).

4.- Una de vuestras actividades principales es la formación, ¿Cómo de importante es para vosotros vuestra propia formación?

En nuestro caso, es muy difícil tener una buena oferta de proyectos si no te vas formando por tu cuenta. Es un proceso implícito en el día a día; la tecnología cambia y te tienes que ir adaptando. No porque no te quede más remedio o porque tengas que seguir los hypes o las modas, sino porque siempre vas buscando trabajar lo mínimo para sacar el máximo rendimiento de cara al cliente, al fin y al cabo lo que vendes es tu tiempo, un activo muy valioso a nivel personal. En este sentido siempre buscas hacer las cosas más rápido y toda tecnología nueva que te permita hacerlo, la vas a encontrar y la vas a aprender. De una manera muy informal y motivada por la necesidad, pero la aprendes, porque si llevas una tecnología a un paso a producción sin conocerla bien, te estás jugando las lentejas. Por supuesto, nunca la vas a conocer tan bien al principio como para no pegarte el tortazo en el primer paso a producción (que solucionas con ojeras y horas extra), pero precisamente por esta razón, nuestra mejor manera de meternos en algo nuevo es cogiendo un proyecto exigente que lo necesite. Suena un poco masoca, pero no nos funciona el ‘voy a reservarme un tiempo para aprender tranquilamente esta tecnología’ (y pienso que a mucha gente tampoco) En pocas palabras: si quieres aprender algo, métete en un proyecto que lo use y comprométete. El resto saldrá solo.

5.- Siguiendo con la formación, ¿Cual es tu opinión sobre el estado actual de la formación en España, a cualquier nivel?

No conozco el panorama lo suficiente, podría hablar de la Universidad, pero prefiero evitar el tema, que la entrevista está quedando bien… Mi opinión: Creo que hay un abuso del ‘aprender para hacer’ en contraposición al ‘hacer para aprender’. Nuestros cursos intentamos hacerlos con ejercicios progresivos, hacemos uno o dos nosotros, para aclarar algún concepto, pero la idea es que el alumno se encuentre él solo con la dificultad y que cada ejercicio se centre en un concepto nuevo. Después de un tiempo es cuando ya nos acercamos a ellos para escuchar sus dudas y ayudarles. Creo que para aprender necesitas una motivación más allá de la técnica (un proyecto apremiante, una necesidad concreta o la imagen en la cabeza del resultado final), y tratamos de reproducir esta manera de aprender en los cursos. No soy muy entusiasta de los MOOC generalistas, por dos razones: La primera es que pienso que el aluvión de vídeos al que te enfrentas no está justificado, se lee mucho más rápido; y la segunda es que hay un cierto abuso del trabajo en grupo, que tiene su lugar, pero no siempre es la mejor manera de salvar los obstáculos inherentes al aprendizaje para ciertas personalidades (que por otra parte son las que más curiosidad tienen y las más frecuentes en los cursos: los introvertidos). Susan Cain lo explica muy bien en su charla TED ‘The power of introverts’. Sin embargo, para MOOC menos introductorios y donde hay una capa de abstracción presente de la que se parte, como pueden ser los científico-tecnológicos, si los ejercicios están bien planteados y la duración es adecuada, me parece una manera óptima de aprender, como el primer MOOC de Inteligencia Artificial de Stanford.

6.- Trabajáis constantemente con información de redes sociales, especialmente Twitter.¿Cual es tu opinión al respecto y cual es tu opinión sobre el papel que juegan las redes sociales en nuestra vida actual?

Cada red social juega un papel y en teoría elegimos si usarlas o no. Si te gusta la circulación de ideas y quieres formar parte de ese flujo, Twitter es perfecto. Facebook es una buena manera de estar en contacto y saber de la vida de gente que desafortunadamente no puedes ver frecuentemente. LinkedIn sustituye a la pila de tarjetas de visita que tienes de tus contactos (por lo que tengo entendido es muy poca gente la gente que lo usa más allá de eso). Instagram y Pinterest se me escapan por completo, honestamente. Creo que bien llevadas, siempre que amplíen tu vida y no la reduzcan con comportamientos adictivos, son una herramienta fantástica. A mi me han permitido conocer y estar en contacto con gente muy afín que creo que no hubiera conocido de otra manera. Tú y yo nos conocimos a través de Twitter! Por otro lado, en el terreno profesional, creo que han acabado de derribar todas las barreras geográficas y muchas barreras burocráticas. No es extraño que alguien vea en Twitter enlaces a tu trabajo y te contacte. Nuestra obsesión con Twitter empezó por lo más obvio: Tiene el API más completa y abierta de las principales redes sociales; y en tiempo real. Pero va más allá: Twitter permite un fenómeno muy semejante a la telepatía a escala global que pienso que, cuando echemos la vista atrás, veremos que jugó un rol determinante en el cambio global que estamos viviendo: cualquier agresión a los derechos humanos circula con una velocidad pasmosa, y eso hace que viejas estructuras de pensamiento vayan cayendo a la misma velocidad: “You can fool some people sometimes, but you can’t fool all the people all the time” es más actual que nunca y ese ‘all the people’ ahora somos todos los conectados (que a su vez estamos en contacto con los no conectados cercanos). Un estudioso muy conocido sobre este tema es Moisés Naím; y profundiza sobre él en el libro ‘The End of Power’ o en este vídeo. Sobre los peligros, hay gente que puede hablar mucho mejor de ellos, pero brevemente: la adicción a las redes es real, pero habla mucho más del individuo que de las redes en sí. Sobre la vigilancia, la privacidad y la venta de datos: también es real y tiene fácil solución: no pongas en la red nada que pienses que te va a importar que vea un desconocido. Tampoco se trata de mirar hacia otro lado y quitarle importancia a cosas tan serias como la venta de datos personales, por supuesto hay que seguir denunciando y alerta, pero seamos conscientes de todo: apreciemos lo bueno y protejámonos de lo malo desde lo personal: no lo deleguemos en las instituciones, que puede llegar a ser peor.

7.- ¿Cómo podríamos mejorar nuestra calidad de vida en las ciudades del siglo XXI usando para ello el análisis y gestión de información?

Se hablaba mucho de la resiliencia, el acceso democrático a los recursos y la optimización de la eficiencia como los 3 pilares de las ‘Smart Cities’ y afortunadamente la demagogia está remitiendo. El sólo hecho de plantear que la tecnología puede apaciguar esos tres frentes me parece una broma de muy mal gusto e hiriente. Sin unas buenas infraestructuras (estoy hablando de ladrillo y política social), poco puede hacer la tecnología para evitar las consecuencias de una inundación repentina (resiliencia); sin buenas políticas sociales, ¿qué puede hacer la tecnología para evitar las desigualdades? (acceso a recursos) y sobre la eficiencia, ¿Para qué optimizarla y quién elige el criterio?. Barcelona siempre destaca en los rankings anuales de las ‘Smart Cities’, pero cuando intentas ir al fondo y buscar los criterios de evaluación, te encuentras con parámetros difusos, subjetivos y sin el más mínimo atisbo de quién los determina y cuantifica. Recuerdo una tarde lluviosa del año pasado, donde fui a dar un curso al Media-TIC, el Smart Building por excelencia en Barcelona (y el más caro por metro cuadrado) y la planta baja del edificio estaba inundada!. Realmente creo que son argumentos para montarse ciudades de élite. Dubai puede parecer el nuevo paraíso donde puedes olvidar tu maleta por la noche en medio de la calle y encontrarla al día siguiente intacta, pero creo que hay que ir un poco más allá y preguntarse si ese nivel de afluencia y seguridad lo hemos construido desde abajo o se ha construido desde arriba a partir de intereses de unos pocos. Donde sí que creo que puede ayudar la tecnología es como herramienta de diagnóstico de la salud de una ciudad en términos humanos; eficiencias y utopías aparte. Me gusta mucho el trabajo de Jan Gehl y la consultora que dirige: se centra en la idea de que la calidad de una ciudad se debe medir en función del aprovechamiento del espacio público y de la vida en común que discurre justamente al margen de los edificios y las carreteras, es decir, cómo mejora las relaciones sociales la estructura urbana. En esta línea, encuentro también muy enriquecedora la historia de la transformación de Bogotá que llevó a cabo Enrique Peñalosa, favoreciendo al peatón y al ciclista y apostando por una ciudad con un ritmo tranquilo y amable. La tecnología nos puede ayudar a cuantificar muchas cosas como las zonas verdes, la polución, la velocidad media de tránsito, el tiempo de desplazamiento medio, etc… pero, por supuesto, una cosa es diagnosticar, y otra actuar; y las intervenciones tienen que venir de unas buenas políticas sociales, no de una máquina al frente de un ecosistema diseñado por corporaciones. Los libros que más me han gustado sobre este tema son ‘Happy City’, de Charles Montgomery, que sitúa el origen del ‘sprawl’ americano en la xenofobia y a partir de ahí construye la historia del aislamiento social en las ciudades modernas y ‘Life between buildings’ de Jan Gehl, donde maneja con maestría la sociología, la psicología, la economía y el urbanismo para diseccionar los parámetros que favorecen la amabilidad de una ciudad.

8.- ¿En qué grado crees que han ayudado las nuevas herramientas como por ejemplo las redes sociales a las luchas actuales en las distintas sociedades?

Creo que son fundamentales y que la emancipación de los mass media cambia muchas cosas que en retrospectiva veremos mucho más claras, ahora estamos reacomodándonos. La diversidad de actores en los medios emancipados permite una variedad mucho más grande de reivindicaciones y denuncias, no sólo las causas más globales; todo el mundo tiene su hueco, y esa pluralidad creo que da mucha esperanza. Sin la tecnología SMS las movilizaciones del 13 de Marzo de 2004 en Madrid no hubieran sucedido, pero ¿cuántas cosas no hubieran sucedido sin las redes sociales en el ámbito del activismo y movimientos sociales en los últimos años?

9.- ¿Qué opinión te merece el “big data”?

La verdad es que ninguna en especial ahora mismo. Cuando se puso de moda el término, los más cercanos a la tecnología estábamos muy sensibles con el tema, a la espera de saltar a la yugular de quien osara confundir una excel grande con Big Data. Ahora mismo, creo que está asumido, marketing hizo lo que quiso con el término y así se quedo: si haces ‘cosas’ con datos y lo intentas explicar, a los 2 minutos de cara de confusión, el sufrido interlocutor te mira con los ojos abiertos y te dice, ¡Ah, entonces haces Big Data! y tú respondes que sí. No pasa nada. En el fondo nos ha ahorrado el tener que explicar durante 5 minutos lo que hacemos; con sólo dos palabras basta :) Si nos ponemos puristas o críticos: se confunde ‘volumen’ con ‘rigor’, contra todo sentido común (porque en estadística suele ser al revés, cuantas más dimensiones tengas, más correlaciones espúreas vas a encontrar); y no le falta razón a quien dice que si no sabes sacarle jugo a una tabla de ochenta filas por 10 columnas, lo llevas claro con 1 Petabyte. Big Data siempre ha existido, desde el tiempo de las tarjetas perforadas. Siempre ha habido problemas más grandes de los que unas cuantas máquinas pueden solucionar. Lo que no ha existido siempre es el ‘fenómeno Big Data’, que arranca con las redes sociales y el volcado en las redes de nuestra información personal (sean transacciones bancarias, movimientos geolocalizados o tweets). Si no la estuvieramos volcando ahí; y lo único que hubiera fuera información al estilo de la Internet de los años 90, donde el usuario era más o menos anónimo, dudo que tuviéramos trabajo ‘los del Big Data’, a pesar de que, obviamente, la información, no podría ser procesada por unas pocas máquinas. La propia esencia de la Ley de Moore (que la capacidad de procesado crece exponencialmente) lleva como consecuencia esto y fue enunciada en 1965.

10.- ¿Podrías explicarnos vuestro proyecto con las Oculus Rift?

Claro. Es un primer experimento para empezar a trabajar la tercera dimensión espacial en el ámbito de la visualización de datos. Consistió en dibujar una red de Twitter en tiempo real en las tres dimensiones espaciales, en lugar de usar un layout normal de dos dimensiones. Fue positivo en el sentido de que, al añadir una dimensión espacial más al layout de red, se pueden detectar patrones o geometrías que en dos dimensiones no se verían. También está el punto de ‘estar dentro de los datos’, y creo que esto cambia mucho la percepción. En la tercera dimensión acomodamos una métrica de ‘influencia’ de cada nodo de la red, de tal manera que las geometrías podrían salir muy verticales (propagación basada en la influencia), muy horizontales (propagación basada en la importancia del mensaje), o unas figuras muy extrañas pero muy parecidas en todos los casos, que luego comprobamos que es una geometría característica de las redes de ‘bots’ o usuarios artificiales que ayudan a viralizar. Se pueden ver los detalles aquí  y el código está disponible. Ahora estamos integrando Leap Motion para manipular menús y añadir un poco de interactividad a las visualizaciones; tenemos una nueva en el horno que esperamos terminar pronto.

11.- ¿Qué significa para ti la palabra “vanguardia”?

Lo cierto es que me siento mucho más cómodo con la palabra “innovación”, donde el foco, generalmente, es el fondo y el público (más que la forma) porque la verdad es que “vanguardia” es una palabra que siempre me ha despistado mucho … nunca he conseguido saber exactamente qué significa. En contextos tecnológicos la he interpretado siempre como ‘lo último’ (sin más), y en contextos artísticos, la interpreto como algo totalmente novedoso pero con una intención de ruptura (más en la forma que en el fondo). Según la entiendo yo, llevada al extremo de la vanguardia radical (romper las formas sin alterar el fondo) conlleva un cierto desprecio al sentido crítico del público de la obra y ahí entramos en otros terrenos que tienen que ver con la pureza de las intenciones más que con la expresión humana. Adoro la obra de Zappa, Duchamp y, si me apuras, Varese, y creo que siempre hay que interpretar su efecto desde el punto de vista de los cambios que producen en los movimientos posteriores más que fijarse en el detalle de cada obra. Sin Edgard Varèse seguramente la música de Frank Zappa no hubiera sido la misma, y sin Frank Zappa, seguramente Les Claypool no se expresaría igual.

12.- ¿Podrías recomendarnos algún proyecto vanguardista actual?

Me gusta mucho todo lo que hacen Domestic Data Streamers, en especial “Drip by tweet” y en el ámbito más “techie” lo que se está cocinando combinando Oculus Rift y Leap Motion. Se pueden ver cosas muy nuevas en la última coding jam de Leap Motion, en , y en particular me han gustado “Soundscape VR”, una especie de Super Theremin en espacio virtual, y “Weightless”, una aplicación para experimentar la interacción con objetos en el entorno ingrávido de un astronauta. También estoy muy pendiente de lo que se hace en el cine 180º y 360º: hay un movimiento DIY muy fuerte para conseguir cine 180º a muy bajo coste y los resultados son espectaculares. Youtube está trabajando en integrar el streaming del cine 180º en su plataforma, para ver con Oculus Rift o cualquier otro hardware de VR y pienso que puede suponer un cambio enorme en la manera de entender el cine. De hecho creo que pasará a llamarse de manera diferente porque puede dar pie a narrativas radicalmente diferentes. Jaron Lanier habló en su día de la comunicación post-simbólica, donde no se pretende ‘contar’ al receptor, sino que ‘viva’ una experiencia y tengo la sensación de que el año en el que veremos (experimentaremos) el nuevo género será muy posible este 2015.

 

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